Arboles singulares




Arboles y Arboledas Singulares que hemos encontrado en nuestro caminar por los lugares que discurren nuestras rutas.


Un árbol se considera singular cuando destaca del resto de los ejemplares de su misma especie, bien sea por adoptar una forma poco habitual, tener una avanzada edad, poseer dimensiones excepcionales, adquirir un alto valor paisajístico, localizarse en lugares poco frecuentes para su especie, por su historia o tradiciones populares, o sencillamente por su rareza.

Fuentes bibliográficas: Árboles y Arboledas Singulares de Andalucía y Wikipedia.





Esta pagina es un indice de los distintos reportajes que se publican en este blog de rutas y otros temas. 

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Acebuche de la Ciudad Romana de Ocuri.
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Ombú de Baelo Claudia.
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Pinos El Tejarejo





Olivo de Sierra Vaquera








Mesto de la Loma del Arroz 
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Chaparro de la Vega 
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Encina de los Llanos del Zurraque 






Pinsapo de las Escaleretas.






Encina La Alcahueta (Quercus ilex subsp. ballota).


La Encina La Alcahueta destaca más por el carácter tradicional de su uso que por sus dimensiones. De fuste recto y con un abultamiento en uno de sus flancos, tiene asociado un elevado valor cultural e histórico, ya que, su producción anual de bellotas, determinaba el número aproximado de cerdos que podían estar en montanera en la sierra de Benaocaz.









Encina del Llano de Palas (Quercus ilex subsp. ballota)


Los motivos de singularidad de esta encina son sus excepcionales dimensiones y su avanzada edad, estimada en unos 400 años. El tamaño es imponente, con más de 4 metros de perímetro de fuste. El tronco es recto y presenta oquedades, procedentes de ramas que han sido utilizadas en el carboneo, práctica habitual en el pasado de la región, pero que le confieren un carácter fascinador. Exhibe una copa amplia y aparasolada sostenida por dos ramas principales de alturas desiguales.








Quejigo del Llano de Palas (Quercus faginea).


De nuevo otro magnífico ejemplo donde la forma y el aspecto son el producto de la actividad del carboneo. El quejigo sobresale por su perímetro o de tronco, más de 4 metros, y el aspecto que presenta. Su fuste se encuentra hueco y en la base existe una abertura hacia el interior. De la cruz parten tres ramas maestras cortas de las que brotan ramillas que se elevan hasta los 12 metros, formando una copa muy irregular. A cincuenta metros de la encina del mismo nombre, descrita páginas atrás, se erige el Quejigo del Llano de Palas. Un cauce de aguas de escorrentía pasa a sus pies pero no ha descalzado las raíces.





Chaparro de las Ánimas (Quercus suber)


El Chaparro de las Ánimas sobresale por varios motivos. Su excepcional tamaño, el primero de ellos, justifica su singularidad como árbol, midiéndose en el fuste un magnífico perímetro de 5,20 metros. Éste es recto y verrugoso, con grandes protuberancias. El segundo motivo es histórico y cultural, ya que la producción de corcho de este alcornoque se destinaba tradicionalmente para pagar el aceite que se utilizaba en las iglesias de Grazalema para las lámparas dedicadas a las Ánimas Benditas.








Alcornoque de Rojitan.

Portentoso ejemplar centenario que destaca por su formidable tamaño y por no haber sido nunca descorchado, aspecto este último que resulta extraño en una zona donde el principal aprovechamiento forestal es el corcho. En el fuste, corpulento y recto, puede apreciarse en su corcho grietas de hasta 20 centímetros, en las que se cuentan los anillos de crecimiento. Algunas raíces emergen del suelo y también en ellas se desarrolla corcho. Desde la cruz a 2,5 metros parten cuatro ramas maestras que mantienen una copa aparasolada y poco densa.







Lentisco de Betijuelo.

El lentisco destaca por su magnífico porte, siendo visible desde el carril de acceso a las casas del Betijuelo. Su fuste es corto pero el perímetro bajo la cruz supera el metro. De ésta parten dos ramas principales, una que se alza hasta los 5,5 metros de altura y otra que se desarrolla casi paralela al suelo. La copa sostenida es aparasolada y con un follaje muy denso.









Eucalipto del Pinar de la Algaida


El Eucalipto del Pinar de la Algaida destaca por su excepcional tamaño, alcanzando los 41 metros de altura. Tiene un fuste recto, que se ramifica a 3 metros del suelo, ostentando una copa esbelta.

Este fenomenal ejemplar, sirvió de observatorio para la vigilancia de incendios forestales durante el verano. En su tronco fueron clavados aros metálicos a modo de peldaños para facilitar la subida a los guardas forestales. Actualmente puede observarse cómo el eucalipto está absorbiendo dichos aros en su crecimiento.












Enebro de Punta Paloma I
El Enebro de Punta Paloma I pertenece a una subespecie catalogada en peligro de extinción en la Comunidad Autónoma de Andalucía. Su distribución se reduce a la costa atlántica, Cádiz y Huelva. En este caso, además, sobresalen en el pinar por un porte extraordinario, ya que no es habitual encontrar un enebro con porte arbóreo. El fuste, recto y elevado mantiene una copa densa de forma cónica muy ramificada.







Enebro de Punta Paloma II
El enebro de Punta Paloma II, al igual que el caso anterior, este enebro marítimo exhibe un porte arbóreo que le hace a la vez peculiar y poco habitual entre sus congéneres. Posee un fuste recto y de aspecto escamoso, algo inclinado hacia la escasa pendiente. La copa que sustenta es densa, de forma cónica y base recta.







Enebro de Punta Paloma III
El Enebro de Punta Paloma III es quizás, por su aspecto, uno de los más antiguos de este paraje. Su singularidad reside en el porte arbóreo poco frecuente en esta especie y en la rareza de la subespecie a la que pertenece. En este caso el fuste es corto, 0,9 metros, y se ramifica en dos ramas principales. Junto a él existe un pino que le proporciona sombra hacia el este, hecho que condiciona el desarrollo de sus ramas, mostrando una espesura desigual en su follaje.







Quejigo del Dornajo.
Los motivos de singularidad de este ejemplar son su tamaño y avanzada edad. El Quejigo de la Casa del Dornajo exhibe un porte extraordinario, distinguiendo su fuste recto y grueso, que mantiene una copa amplia y aparasolada. El quejigo ha sufrido la erosión del terreno donde se asienta y el perímetro del fuste, en su base, corresponde a lo que antaño estaba enterrado. El aspecto que presenta es asombroso, dando la sensación de que el árbol está flotando.






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