Puertas de Tierra



Puertas de Tierra, la entrada a la ciudad histórica. Destaca de su elegante fachada el torreón central, obra de Torcuato Cayón, que ejecuto un diseño de Jose Barnola. Las Puertas de Tierra establecen el límite entre el casco antiguo de la ciudad y extramuros y en la que hacen guardia permanente los patronos de la ciudad, San Servando y San Germán.

A partir de un primitivo muro del siglo XV, tras continúas modificaciones y ampliaciones se construyó este semibaluarte con varias líneas de murallas y glacis, hoy desaparecidos. En tecnología militar un glacis es una pendiente suave y despejada que precede al foso de una fortaleza, y que está dominada por los baluartes y otras fortificaciones, desde los que se puede hacer fuego sobre él

Está construida con sillares de piedra ostionera y mampuesto y tiene a ambos extremos los semibaluartes de San Roque y Santa Elena.

Tras el ataque anglo-holandés de 1596 que destruyo Cádiz sin gran esfuerzo, se demostró que la plaza no esta suficientemente fortificada. A Cristóbal Rojas, ingeniero y tratadista, se le encargo el replanteamiento de sistema defensivo.

La idea inicial seguía siendo el realizar un castillo-ciudadela en la actual Puerta de Tierra y reforzar los puntos vulnerables como la Caleta y la zona mas estrecha de la Bahía, limitada por el Puntal y Matagorda.
























El barrio de Santa María -uno de los mas antiguos de la ciudad- y la Catredal al fondo.



La Catedral con sus dos torres asoma entre las azoteas gaditanas.



La avenida principal de Cádiz que une el casco antiguo con el nuevo.



El Baluarte de Santa Elena y el Puerto Marítimo.



El Baluarte de San Roque.







































Vista desde la entrada a la ciudad, esta rematada por el torreón y una puerta ornamental realizada hacia 1750.






En su centro se encuentra la entrada principal de la ciudad y durante mucho tiempo única entrada por tierra. 

Su portada es barroca, fue proyectada por José Barnola y ejecutada por Torcuato Cayón. Tiene dos  cuerpos: el inferior con dos pares de columnas toscanas que sostienen un friso de triglifos y metopas, siendo la metopa central el escudo de la ciudad; sobre la puerta adintelada aparece una inscripción de 1755 dedicada a Fernando VI; el segundo cuerpo tiene en su base dos leones y una alegoría de la fama que junto a la cornisa trilobulada en la parte superior sirven para enmarcar el escudo real.

La cara de este frente que da al interior de la ciudad, presenta un gran pórtico bajo arcos semicirculares, de comienzos del neoclasicismo.

A mediados del siglo XX se abrieron dos grandes arcos para el tráfico rodado, haciendo necesaria una remodelación del torreón central que perdió los dos cartabones laterales, a la vez que ganó las airosas cúpulas de las garitas.








En una sala del Torreón se puede observar la evolución y transformación de la única entrada a la ciudad por tierra, en el pasado siglo.












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